A la mañana siguiente, el tiempo habÃÂa cambiado completamente. El mar por el contrario, estaba tranquilo, y me dispuse a disfrutarlo un rato al resguardo bajo un tejadillo de hojalata, mientras escuchaba el repiquetear de la lluvia sobre él. Me preparé un Flandria volcando prácticamente la bolsa en el papel y rascando del fondo las últimas migajas. A lo lejos, vi al chaval que el dÃÂa antes habÃÂa estado haciendo castillos de arena, lanzando ahora piedras con fuerza hacia las olas. Pasado un rato, el chaval se cansó y vino corriendo en dirección a mÅ -¿Qué hacÃÂas? -no se me ocurrió nada mejor para romper el hielo, la verdad… -El mar se ha llevado mi castillo -contestó enfurruñado. -Bueno, pues considéralo un regalo que le haces. -Si, y él qué me da a cambio, eh!.. y se fue. Le hubiera dicho que mejor no esperar nada, y un millón de historias, pero me quedé mirando el cigarro, con una media sonrisa en la cara y pensé que mejor asÃÂ.
Repiqueteos….
03 de noviembre, 2006